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¿Mi jefe es narcisista o solo es un jefe difícil?

Casi nunca es narcisismo. Y confundirlo te cuesta caro. Entender esa lógica aclara qué se puede negociar y qué solo se puede sostener.

schedule6 MIN DE LECTURALIDERAZGO
¿Mi jefe es narcisista o solo es un jefe difícil?

La diferencia entre un jefe narcisista y un jefe difícil no es un tecnicismo. Decide si lo que tienes enfrente se puede negociar o solo se puede sostener.

Llevas meses aguantando. Tu jefe cancela la weekly sin avisar, cambia prioridades el viernes a las seis, y cuando algo truena la culpa nunca es suya. Alguien lo suelta en Slack: "es un narcisista". Todos asienten. El problema se cierra sin haberse entendido.

Casi nunca es narcisismo. Casi siempre es un jefe que no sabe sostener su propia ansiedad sin descargarla en el equipo — y el narcisismo patológico es apenas la forma más rara y extrema en que eso puede pasar.

La etiqueta funciona como cierre, no como diagnóstico. Nombrar "narcisista" da la sensación de haber entendido, cuando lo que hace es detener la pregunta. Y detener la pregunta tiene un costo: le pides al jefe equivocado la respuesta equivocada.

El jefe difícil te contradice. Se enoja, te reta. Pero tú existes. El jefe narcisista te borra.

¿Qué hace que un jefe narcisista sea distinto a un jefe difícil?

Hay una experiencia precisa. Llegas con tu versión, con tu cansancio, con un dato que cambia la historia. Y no hay lugar. No te discuten. Te desaparecen. Tu punto de vista no cabe porque si cupiera, algo en el otro se vendría abajo.

Esa necesidad de borrarte para sostenerse es lo patológico. No es cuánto ego tiene, es qué necesita hacer contigo para seguir de pie.

El psicoanalista Daniel Shaw lo describió así: elevarse subyugando al otro es la esencia del narcisismo traumatizante. Ese jefe no discute contigo — te borra. Y desde ahí no hay negociación posible.

¿Por qué la mayoría de los jefes difíciles no son jefes narcisistas?

Casi todos tenemos rasgos narcisistas. Nos gusta que reconozcan nuestro trabajo, nos cuesta la crítica sin filtro, cuidamos la imagen. Eso no es patológico. Es humano.

Lo que cambia es la culpa. Hay quien se sostiene drenando al otro, sin culpa, sin límite. La psicoanalista Marie-France Hirigoyen llamó a eso perversión narcisista y fue clara: esos rasgos los comparten casi todas las personas, lo raro es la estructura que disfruta destruyendo al otro.

Lo común es otra cosa. El jefe que cancela la weekly a último minuto, exige reportes imposibles y trata cada desviación como amenaza personal. No necesita admiración. Necesita control, porque perder el control lo pone ansioso. No sabe contener la ansiedad del equipo y termina exportando la suya.

El límite entre negociar y sostener

A mí me tomó tiempo entenderlo. En un equipo que dirigí, cada mes subía la meta sin cambiar presupuesto ni gente. La respuesta era "así es la chamba". Pensé que era falta de compromiso.

Años después, ya con formación como psicoanalista en la UIC y después de más de veinte años liderando equipos complejos y diversos, vi algo distinto: ese jefe no necesitaba admiración. Necesita no perder el control. Nombrarlo bien no lo cambió a él. Cambió lo que yo podía hacer con esa relación.

Esto no es un diagnóstico para tu jefe — eso se hace en consultorio. Lo que sí puedes tomar en serio es lo que te pasa a ti.

No es lo mismo sentirte borrado, sin lugar, que vivir en tensión porque todo puede explotar. Esa diferencia no diagnostica a nadie, pero dice mucho sobre tu posición. Si lo que vives te está enfermando, merece ayuda profesional, no una etiqueta de pasillo.

Y ahí se vuelve útil. Cuando ves que el jefe difícil opera desde la ansiedad, empieza a ser visible qué parte de su desorden dejas de cargar y qué límite puedes nombrar sin entrar en su juego.

Cuando ves que necesita que desaparezcas para sostenerse, se vuelve posible preguntarte qué estás sosteniendo tú para que esa relación siga vigente y qué reconocimiento sigues esperando de quien no puede dártelo. Lee más sobre cómo sostenerte cuando no puedes cambiar a tu jefe.

Tal vez la pregunta ya no es qué tan narcisista es mi jefe. Tal vez es qué hace que esa etiqueta te resulte tan útil para dejar de preguntarte por tu lugar ahí. ¿Esto se puede negociar, o solo se puede sostener?

Soy Daniel Alencar, psicoanalista en Ciudad de México. Conozco el lenguaje corporativo porque lo viví desde adentro. Hoy acompaño a quienes ya no encuentran en los problemas del trabajo una explicación para lo que sienten.

Si esto resuena, puedes agendar una primera sesión aquí. Online o presencial – Polanco CDMX.

Referencia Bibliográfica

Daniel Shaw (2014) — The Relational System of the Traumatizing Narcissist

Referencia Bibliográfica

Marie-France Hirigoyen (1999) — El Acoso Moral

Daniel Alencar

Daniel Alencar

Soy Daniel Alencar, psicoanalista en Ciudad de México. Conozco el lenguaje corporativo porque lo viví desde adentro. Hoy acompaño a quienes los problemas del trabajo ya no explican lo que sienten

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